Abandono este sitio por un buen tiempo.
Un buen tiempo abandono por este sitio.
Buen abandono por este sitio un tiempo.
Este tiempo abandono por un buen sitio.
Un buen tiempo sitio por este abandono.
Abandono tiempo este sitio por un buen.
Este buen sitio por un tiempo abandono.
Un buen abandono sitio por este tiempo.
Tiempo un buen abandono por este sitio.
Este tiempo sitio un buen por abandono.
Un buen sitio abandono por este tiempo.
Por este abandono sitio un buen tiempo.
Un buen tiempo por este sitio abandono.
Sitio tiempo este abandono por un buen.
Abandono este buen tiempo por un sitio.
Un tiempo buen abandono sitio por este.
Sitio este tiempo por un buen abandono.
jueves, marzo 09, 2006
Y sucede que el mundo se convierte.
El espacio cavernario en el que las letras, en el que la conversación acerca de si sí o si no esta o aquella palabra, cuando el tiempo es un mastique blando y la nochición un barrilote sin fondo, resulta ser siempre un otrismo pasajero, un paréntesis fortuno y duende que, como todos los paréntesis fortunos y duendes, termina siempre descuajeringado, famélico, inopinado, mendaz y cusho.
Somos presas del desfonde.
¿Por qué la algarabanza resultará tan mordedoramente basilisca?
Entonces uno se angustia y sigue escribiendo.
Como si sí.
Como si nada.
Como si todavía.
Como si mañana.
Como si todo cuerpo que se sumergiese en un líquido experimentase un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del líquido desalojado.
Como si eureka.
El espacio cavernario en el que las letras, en el que la conversación acerca de si sí o si no esta o aquella palabra, cuando el tiempo es un mastique blando y la nochición un barrilote sin fondo, resulta ser siempre un otrismo pasajero, un paréntesis fortuno y duende que, como todos los paréntesis fortunos y duendes, termina siempre descuajeringado, famélico, inopinado, mendaz y cusho.
Somos presas del desfonde.
¿Por qué la algarabanza resultará tan mordedoramente basilisca?
Entonces uno se angustia y sigue escribiendo.
Como si sí.
Como si nada.
Como si todavía.
Como si mañana.
Como si todo cuerpo que se sumergiese en un líquido experimentase un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del líquido desalojado.
Como si eureka.
lunes, marzo 06, 2006
viernes, marzo 03, 2006
lunes, febrero 27, 2006
Poesía tornatrás para después de la malapata
Poesía tornatrás para después de la malapata
(autofusil compendioso)
1. La poesía es un rebaño de lanzafuegos. Debería abrasarlo a uno siempre, en todos los casos.
2. Dado lo anterior, el poeta debería vivir en permanente estado de quemazón.
3. Se lo merece.
4. ¿Y qué cuando las palabras engrudan la chamusquina que nos brea? Yo las tarumbo, las almizclo, las chapopoto.
5. La poesía no es cierta. Es exacta.
6. Sin embargo, el poema es siempre una variación de sí mismo, un ensimismamiento jugando a las escondidas.
7. La poesía es un filo de lenguaje en estado de trapecio.
8. Si el poeta sabotaje, la poesía trinitrotolueno.
9. Hay que replantear a poética de los poemarios. Prefiero pensar en los poemas como animales gregarios. La teoría del poema solitario resulta ya insostenible.
10. El poema siempre dice otra cosa, lo que pasa es que uno es muy terco.
11. A palabras necias: no dejes de anotarlo.
12. La poesía seminal resulta siempre pegajosa.
13. Si el poema no crotona, anguila nuestros muerdos.
14. Poesía: sarna jocunda.
15. El poeta es un facedor de filamentos:
rastroja yunto las letranzas,
araña lo que digo,
púa de picor
los apalabres,
malabar y filabaja.
Raspa.
Amalgama.
16. Las relaciones con la poesía deberían ser siempre problemáticas. Un poema que no mueve algo, que no cambia las cosas de sitio o genera comezón en alguna parte del cuerpo resulta infelizmente en palabraje inmemorial, luego pasto de tambo. El poema como punzón, cautín, hiedra de veneno, piedra en el zapato o serrucho; el poeta como líder carismático, fundamentalista de algos, golpeador de cantina, zancudo de cama o mal payaso; la poesía corte, guamazo, zumbido, hermanito preguntón o caldo derramado.
La poesía debería ser siemre una molestia para alguien.
17. Cuando los poetas no punzan, garrapatan.
18. Hacer poesía es una persecución pánica y orgía. Es buscar la sombra del reflejo de un espejo pando, calabozo y panzabajo.
19. Paso en falso, la poesía filigrana desbarranque. Marea, orilla y empuja. La muy oronda.
20. -Es Usted un marranazo, una porcina persona -dijo la poesía-. El bohemio calló.
(autofusil compendioso)
1. La poesía es un rebaño de lanzafuegos. Debería abrasarlo a uno siempre, en todos los casos.
2. Dado lo anterior, el poeta debería vivir en permanente estado de quemazón.
3. Se lo merece.
4. ¿Y qué cuando las palabras engrudan la chamusquina que nos brea? Yo las tarumbo, las almizclo, las chapopoto.
5. La poesía no es cierta. Es exacta.
6. Sin embargo, el poema es siempre una variación de sí mismo, un ensimismamiento jugando a las escondidas.
7. La poesía es un filo de lenguaje en estado de trapecio.
8. Si el poeta sabotaje, la poesía trinitrotolueno.
9. Hay que replantear a poética de los poemarios. Prefiero pensar en los poemas como animales gregarios. La teoría del poema solitario resulta ya insostenible.
10. El poema siempre dice otra cosa, lo que pasa es que uno es muy terco.
11. A palabras necias: no dejes de anotarlo.
12. La poesía seminal resulta siempre pegajosa.
13. Si el poema no crotona, anguila nuestros muerdos.
14. Poesía: sarna jocunda.
15. El poeta es un facedor de filamentos:
rastroja yunto las letranzas,
araña lo que digo,
púa de picor
los apalabres,
malabar y filabaja.
Raspa.
Amalgama.
16. Las relaciones con la poesía deberían ser siempre problemáticas. Un poema que no mueve algo, que no cambia las cosas de sitio o genera comezón en alguna parte del cuerpo resulta infelizmente en palabraje inmemorial, luego pasto de tambo. El poema como punzón, cautín, hiedra de veneno, piedra en el zapato o serrucho; el poeta como líder carismático, fundamentalista de algos, golpeador de cantina, zancudo de cama o mal payaso; la poesía corte, guamazo, zumbido, hermanito preguntón o caldo derramado.
La poesía debería ser siemre una molestia para alguien.
17. Cuando los poetas no punzan, garrapatan.
18. Hacer poesía es una persecución pánica y orgía. Es buscar la sombra del reflejo de un espejo pando, calabozo y panzabajo.
19. Paso en falso, la poesía filigrana desbarranque. Marea, orilla y empuja. La muy oronda.
20. -Es Usted un marranazo, una porcina persona -dijo la poesía-. El bohemio calló.
domingo, febrero 26, 2006
Derecho de réplicaTengo que usar la primera persona.
Hanme hecho la mejor crónica que mortal alguno pudiere desear. Lleva por título "Busca enamorar, leyendo". Es primorosa. La leo y, con lágrimas en los ojos, no puedo menos que exclamar: "Mis poesías están bien preciosas; chulas de bonitas; son bien hermosísimas; la neta yo, de grande, quisiera, quisiere, quisiese escribir como yo.
Todo yo soy de un garbo pavoneado.
Soy un donaire que pompa y circunstancia.
Yo sí escribo bien bonito.
Odumodneurtse!
miércoles, febrero 22, 2006
domingo, febrero 19, 2006
Por otra parte, la poesía nos promulga definitivamente.
Nos exhibe en medio del decoro:
desnudos, con la cara pintada de colores y un par de orejas de burro.
Luego nos desenmascara, y somos otra vez nosotros:
desnudos, con la cara pintada de colores y un par de orejas de burro.
Cada poema debería ser un portazo.
Cada puerta es, a su modo, un poemazo.
Nos exhibe en medio del decoro:
desnudos, con la cara pintada de colores y un par de orejas de burro.
Luego nos desenmascara, y somos otra vez nosotros:
desnudos, con la cara pintada de colores y un par de orejas de burro.
Cada poema debería ser un portazo.
Cada puerta es, a su modo, un poemazo.
En última instancia es poco, muy poco lo que pueda uno hacer con las letras sin que éstas lleguen a ponerse rancias.
Rancias y espejas.
La escritura se nos va poniendo requesona en la medida que empezamos a creer en ella. Se trata de un juego que tiene más que ver con la madrastra de Blancanieves que con las depuradas técnicas especulares de Borges. Cada vez que escribimos, le preguntamos al espejo por el tamaño y forma de nuestros egos: le friccionamos las partes, neblamos de vaho el filo de su adulaje y terminamos lamiendo nuestro reflejo como un fetiche largamente deseado.
Entonces empieza uno a echarse a perder, a cortarse como leche, así de blanco y así de pasmado.
El caldo grueso de la escritura es un malgusto bacteriado, un aromático suero lechal.
Rancias y espejas.
La escritura se nos va poniendo requesona en la medida que empezamos a creer en ella. Se trata de un juego que tiene más que ver con la madrastra de Blancanieves que con las depuradas técnicas especulares de Borges. Cada vez que escribimos, le preguntamos al espejo por el tamaño y forma de nuestros egos: le friccionamos las partes, neblamos de vaho el filo de su adulaje y terminamos lamiendo nuestro reflejo como un fetiche largamente deseado.
Entonces empieza uno a echarse a perder, a cortarse como leche, así de blanco y así de pasmado.
El caldo grueso de la escritura es un malgusto bacteriado, un aromático suero lechal.
viernes, febrero 17, 2006
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